lunes, 12 de mayo de 2014

La poesía

Un modo posible de todavía salvarse sería lo que ellos nunca llamarían poesía. En realidad, ¿qué sería la poesía, esa palabra incómoda? ¿Sería encontrarse cuando, por casualidad, cayera una lluvia repentina sobre la ciudad? ¿O quizás, mientras tomaban un refresco, mirar al mismo tiempo la cara de una mujer que pasa por la calle? o aún encontrarse por casualidad en la vieja noche de luna y viento? Pero los dos habían nacido con la palabra poesía ya publicada con gran impudor en las páginas de los suplementos de domingo de los diarios. Poesía era la palabra de los más viejos. Y la desconfianza de los dos era enorme, como de animales. En los que el instinto avisa: que un día serán cazados. Ya habían sido demasiado engañados para poder creer ahora. Y, para cazarlos, habría hecho falta una enorme cautela, mucho faro y mucha labia, y un cariño aún más cauteloso -un cariño que no los ofendies- para, al agarrarlos desprevenidos, poder capturarlos en la red.

Clarice Lispector (de "El mensaje", en "La legión extranjera", trad. de Paloma Vidal)

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